Ramat de cabres.

Dominguet es un chico muy cumplidor, siempre ayuda a su padre a pastar las cabras por las montañas de Rasquera. Las cabras le gustan mucho, de color blanco y largos cuernos que se retuercen y enroscan.

A Dominguet también le encanta pasear por las hermosas montañas llenas de vegetación, le gusta mucho imaginarse que está perdido en tierras extrañas donde es el primero en descubrir tribus indígenas olvidadas por el mundo occidental.

Al padre de Dominguet no le gusta mucho eso de que se despiste imaginando nuevos mundos.

  • ¡Dominguet, eres una sueña tortillas! Tienes que tener cuidado de las cabras, son muy importantes, ayudan a mantener nieto el bosque y nos dan de comer a nosotros. Hoy te cuidarás tú de ellas, ve a pastar y sobre todo no pierdas ninguna.
  • Sí papá, puedes confiar en mí.

 

Dominguet cogió su bastón y su rebaño de cabras blancas y empezó a subir la montaña. Al cabo de un rato y sin darse cuenta, volvía a estar en un mundo desconocido en el que intentaba encontrar la famosa tribu perdida. Mientras Dominguet estaba ocupado con sus aventuras las cabras blancas siguieron caminando hasta que se perdieron de vista.

De repente Dominguet se dio cuenta de que no veía ni una sola de sus valiosas cabras blancas y se asustó. Empezó a correr monte arriba tan rápido como sus piernas le permitían hasta que finalmente las vio.

  • ¡Dios mío cabritas! Qué susto me habéis dado.

Dijo acariciando a una de sus cabritas que se miraba boquiabierta un pequeño árbol.

  • ¿Tienes hambre?

Preguntó Dominguet mientras arrancaba un par de hojas en el árbol y le daba a su cabra.

  • ¡Eso! – Se quejó el árbol.- ¿Qué haces? ¿No sabes quién soy yo? ¡Soy un tejo milenario! ¡Y éste es el bosque más antiguo de Cataluña!
  • ¡Perdona! – Se apresuró a disculparse en Dominguet.- Ésta es una cabra blanca de Rasquera, y es la última raza de cabra de Cataluña.
  • ¡A mí esto no me importa! Estás en la Tejeda de Cosp y yo soy el rey aquí. No quiero volver a verte.
  • ¡Pero las cabritas no tienen la culpa! Ellas ayudan a limpiar el sotobosque, ¡son muy importantes!
  • ¡No os necesitamos! Queda desterrados tú y tus cabras.

En Dominguet reunió la manada de cabras y empezó el descenso de la montaña. Estaba muy triste, no sabía cómo le contaría todo el que había pasado a su padre, tampoco lo creería. Tan solo había arrancado dos hojas al viejo rey Tejo para darle a su cabrita.

Cuando llegó a casa se decidió a contar la verdad a su padre.

  • ¿Ya vuelves a soñar "tortillas"? ¿Cómo te tiene que hablar un tejo?
  • ¡Es verdad!
  • Bueno, no pasa nada hijo. Este rey Tejo milenario parece muy gruñón. Si no nos quiere a la Teixeda de Cosp, no iremos más. Ya verás como bien pronto podemos volver.
  • Las siguientes semanas su padre dejó a en Dominguet la responsabilidad de pacer las cabras. El chico esquivaba la Teixeda de Cosp con tristeza, no se atrevía a entrar, aunque como le había dicho su padre, puede ser se lo había imaginado todo.

Un día en Dominguet sintió un olor extraño y vio mucho humo que salía del bosque. Corrió hacia la Teixeda, pero los bomberos no lo dejaron pasar. Tendría que esperar que apagaran el fuego y no hubiera peligro.

Entró a la Teixeda y vio el rey Tejo en un rincón, se había salvado de milagro.

  • Rey Tejo, he venido para ver si necesitas algo, me gustaría ayudarte.
  • Hola chico. Lo siento mucho, siento haber-hueso hecho fuera a tú y tus cabritas, no me daba cuenta que eran tanto necesarias. Nos ayudaban a mantener el sotobosque y así evitar los incendios.
  • No os preocupáis rey Tejo, entre todos haremos que esta Teixeda esté más cuidada que nunca.

Y así fue como la última raza de cabra de Cataluña se convirtió con la guardiana del bosque más antiguo de Cataluña.